Josefina de Beauharnais en El sueño oriental de Napoleón…

Esta es Josefina, la primera mujer de Napoleón. Su nombre completo era Marie Josèphe Rose Tascher de la Pagerine, viuda por entoces del general y vizconde Alexandre de Beauharnais (un primo suyo), a la que Napoleón apodaría como Josefina (Josephine). Su historia personal es fascinante, así como el encuentro entre ambos. De lo que no hay duda es que la relación entre Napoleón y ella fue fundamental para el devenir del futuro primer Cónsul francés y posteriormente Emperador de Francia. Y a esa relación le doy especial importancia en El sueño oriental de Napoleón, ya que en el destino de Napoleón las circunstancias personales desempeñaron un gran papel…
Los antiguos historiadores nunca dieron suficiente importancia a las condiciones y a los actos de la vida privada de ciertos personajes. Hoy la cosa es diferente, ya que somos más sensibles a las realidades humanas; buscamos en el hombre los móviles y las razones de su obra. De esta forma, la historia resulta más completa y también más emocionante, porque la acercamos a nosotros.

Si queréis saber más: https://www.editorialguanteblanco.com/publicaciones/el-sueno-oriental-de-napoleon/

Las hadas de Arthur Conan Doyle

En 1917, dos niñas inglesas realizan unas fotografías donde se pueden observar a unas hadas junto a ellas. Aquellas imágenes llegarían al escritor Arthur Conan Doyle, famoso por su célebre Sherlock Holmes, quien en seguida le da verosimilitud a aquella historia… Pero, ¿eran realmente unas hadas? Lean y averígüenlo

Las hadas de Conttingley / fuente: the public domain review

1917 fue un año difícil. Se estaba librando la Primera Guerra Mundial, pero, pese a ello, nada impedía que los niños jugaran. En concreto, dos pequeñas británicas, primas, pasaban juntas sus vacaciones de verano de aquel año.

Frances Griffihs, de diez años, se encontraba en Cottingley, un pueblecito de Yorkshire, en casa de sus tíos y de su prima, Elsie Wright, seis años mayor que ella. Cada tarde, las dos se divertían jugando junto a un arroyo situado cerca de allí, y cada noche, sin excepción, regresaban con los vestidos y los zapatos empapados de agua. Cosas de chicas. Y cada vez que las regañaban, ellas se justificaban diciendo: «¡Es por culpa de las hadas!» De hecho, hacía ya un tiempo que ambas primas contaban a los mayores que unas pequeñas hadas y unos gnomos habían adquirido la costumbre de ir a jugar con ellas en aquel lugar.

Evidentemente, Arthur Wright, padre de Elsie, se mostró bastante escéptico y pensó que aquello no eran sino las alocadas imaginaciones de aquellas dos niñas. El caso es que un día, su hija le convenció para que le prestase su cámara de fotos, una pequeña máquina modelo Migd que sólo tenía espacio para una placa fotográfica. Aquella noche, ya en casa, el señor Wright reveló la fotografía que Elsie había tomado, y, con gran asombro, descubrió la imagen de su prima Frances en compañía de lo que parecían unos pequeños seres, como unas hadas que bailaban ante ella.

Elsie junto a un gnomo / fuente:elpensante 

Pasaron dos meses de aquello y las niñas volvieron a casa con otra foto, pero en aquella ocasión era Elsie quien aparecía retratada, y nada más y nada menos que en compañía de lo que parecía un gnomo. El señor Wright era un mar de dudas, no sabía qué creer o qué pensar sobre aquello, pero Polly, su mujer, sí daba fe del relato de las niñas… Y dabe fe porque ella creía firmemente en las doctrinas de la teosofía, una filosofía mística que defiende la existencia de hadas, gnomos, espíritus y duendes. Así que, ambos decidieron llevar aquellas imágenes al presidente de una logia de la Sociedad Teosófica, quien, conmocionado por aquellas fotografías, se las mostró a su vez al célebre escritor Arthur Conan Doyle, creador del famoso detective Sherlock Holmes.

Arthur Conan Doyle / fuente: arthurconandoyle.com

Doyle, que creía firmemente en el espiritismo, se tomó aquel asunto muy en serio. Consultó a un experto en fotografías de la casa Kodak, quien le confirmó que las imágenes eran no eran el resultado de una «doble exposición». Para Doyle aquello era lo mismo que decir que las fotos eran auténticas, y, en consecuencia, la prueba irrefutable de la existencia de las hadas y los gnomos.

A todo aquel que le expresaba alguna duda sobre el tema, él le rebatía que las imágenes habían sido realizadas por «dos niñitas, hijas de artesanos, que no sabían nada sobre trucos fotográficos y que carecían de cualquier malicia». Fue entonces cuando el escritor publicó un artículo para Strand, la por entonces revista en las que publicaba las historias de Holmes, exponiendo aquel caso… Más tarde llegó incluso a escribir un libro dedicado íntegramente a las hadas, titulado El Misterio de las Hadas.

   

El Misterio de las Hadas, de A.C.Doyle / fuente: libreria muscaria

A petición de multitud de curiosos, las niñas consiguieron tomar otras fotografías. Cada vez eran más abundantes. No obstante, al cabo de un tiempo, ambas se cansan de aquello y dejan de aportar nuevas imágenes.

Las hadas de Conttingley / fuente: Pinterest

No fue hasta muchos años después cuando aquel embrollo comenzó a esclarecerse. Los trabajadores de la sede en Londres de Kodak, que dudaban de la autenticidad de aquellas fotografías, llevaron a cabo un profundo análisis de los negativos. había algunos indicios que les hicieron pensar que, en realidad, aquellas «hadas» no eran más que una serie de dibujos realizados en trozos de cartón, recortados y colocados sobre la hierba… Para estos profesionales, aquellos «pequeños seres» tenían aspecto de ser completamente bidimensionales y sus alas aparecían de manera muy nítidas, como si éstas se mantuvieran inmóviles. De hecho, si se hubieran movido tendrían que aparecer forzosamente desenfocadas, de la misma manera que aparecía la cascada de agua que figura al fondo de la primera fotografía.

Fue en 1971, en una entrevista que Elsie Wright concedió a la cadena BBC, cuando admitió que aquellas hadas podrían considerarse como «fragmentos de nuestra propia imaginación».

El caso se cerró definitivamente en 1982, más de sesenta años después de que ocurrieran los hechos, cuando la investigación de Kodak permitió determinar, gracias a la ampliación de las imágenes mediante novedosas herramientas informáticas, que las hadas de Cottingley eran realmente recortes de cartón clavados en el suelo o suspendidos en el aire mediante unos finos hilos.

Por otra parte, fue toda una sorpresa descubrir un libro infantil publicado en 1915, titulado The Princess Mary´s Gift Book, que permitió averiguar de dónde habían copiado las niñas aquellas hadas.

Imagenes de las hadas del libro The Princess Mary´s Gift Book / fuente: wikipedia 

Finalmente, y ante todas estas pruebas, en 1983 Elsie admite, ya sin ambigüedades, que las fotografías habían sido, sencillamente, una broma de ambas primas. «Por desgracia —explicó—, algunos adultos se tomaron muy en serio lo que para nosotras no era más que un juego. Sobre todo, sir Arthur Conan Doyle. Debido al temor reverencial que sentíamos ante él, decidimos esperar a que todos los protagonistas del caso hubiesen fallecido para contar qué fue lo que ocurrió realmente.»

El sueño oriental de Napoleón

Aquí os dejo un breve extracto de El sueño oriental de Napoleón…

A pesar de la aparente normalidad que desde La Décade, con sus informes sobre las últimas actualizaciones que el instituto llevaba a cabo, o desde Le Courrier, con la propagación habitual de chismes, pretendían hacer ver, nada podía evitar la tremenda preocupación que aquella enfermedad contagiosa, y en muchos casos mortal, causaba entre los franceses. El simple nombre de «peste bubónica» era silenciado desde aquellos medios. Pese a los grandes esfuerzos que tanto el médico jefe, el general Desgenettes, como el cirujano jefe, el general Larrey, hicieron por controlar aquella epidemia, que desde noviembre parecía haberse extendido por toda la zona, estableciendo una obligatoria cuarentena a todos los buques que llegasen a cualquier puerto mediterráneo, y la obligatoriedad de comunicar cualquier caso de contagio entre la población, bajo graves penas, la situación no parecía mejorar. Sí eran conscientes de que aquella epidemia atacaba con mayor firmeza en invierno, y aunque aún desconocían que la peste era transmitida por las pulgas de las ratas infectadas, según Desgenettes, Larrey y todo el equipo médico, la mejora de la higiene y, sobre todo, la falta de contacto con los enfermos, era sin duda las mejores medidas para prevenir el contagio…

El sueño oriental de Napoleón

El sueño oriental de Napoleón

En julio de 1798, un joven Napoleón Bonaparte desembarcó en Egipto al frente de un ejército que, el 21 de julio, juntos a las pirámides de Gizá, destrozó al ejército mameluco y entró triunfante en El Cairo. No obstante, la expedición se convirtió pronto en un suplicio, hasta que el 23 de agosto de 1799 se embarcó en secreto y puso de nuevo rumbo a Francia.

Aquella expedición constituyó una extraordinaria aventura militar y, sobre todo, científica y cultural. En este último aspecto centra especialmente su afilada pluma Jorge Barroso.

Napoleón soñaba con Oriente desde su infancia. Estaba convencido de que allí es donde se lograron las más grandes gestas. Y todo ello gracias a los libros que leyó durante su juventud y a la historia de un hombre al que pretendió emular, el gran Alejandro Magno.

El sueño oriental de Napoleón cuenta esta increíble historia, centrándose en los aspectos menos conocidos, en su faceta humana y en las circunstancias personales del protagonista, sin olvidar una serie de misterios que han circulado en los últimos años sobre esta enigmática campaña.

El sueño oriental de Napoleón

Un ejército de arqueros fantasmas en la Primera Guerra Mundial: la batalla de Mons

La batalla de Mons | Foto: Google

El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando de Austria fue asesinado en Sarajevo, dando comienzo a lo que sería la Primera Guerra Mundial, entre las potencias centrales, Alemania y Austria-Hungría, y los aliados, Francia, Gran Bretaña y Rusia (luego se irían incorporando diversos países entre los dos bandos), aquella que, según Woodrow Wilson, presidente de los Estados Unidos de América, aseguró que sería “la guerra que acabará con todas las guerras” … cuan equivocado estaba.

La posición de Alemania entre dos de los países enemigos, Francia y Rusia, hacía que partiera con cierto grado de inferioridad al tener dos frentes abiertos a ambos lados de sus fronteras. El Estado Mayor alemán había reflexionado sobre ello en una fecha tan temprana como 1892, poniendo sobre la mesa un plan que preveía un ataque rápido contra Francia a través de Bélgica y Luxemburgo que hiciera capitular al país galo en el mínimo de tiempo posible, para atender así posteriormente el frente ruso. Se llamaba “Plan Schlieffen” (nombre del jefe del alto mando militar alemán en aquel momento).

Pues bien, Alemania puso en marcha dicho plan en agosto de 1914. El día 3 de agosto, los alemanes declararon la guerra a Francia, atravesando la frontera belga el día 4. Este hecho tuvo dos consecuencias importantísimas: la primera es que quitó toda legitimidad a la actuación alemana en la guerra, ya que penetraba en un país neutral; y la segunda, que la entrada en Bélgica provocaría la intervención del Reino Unido, debido a que, además de ser aliada de Rusia y Francia, se veía comprometida por un acuerdo con Bélgica como defensora de su libertad firmado en 1839, por lo que Gran Bretaña terminó declarando la guerra a Alemania.

La primera vez que la fuerza expedicionaria británica entró en combate contra el ejército alemán fue en la batalla de Mons, al oeste de Bélgica, el 23 de agosto de 1914. Los alemanes superaban, y mucho, el número de combatientes de los ingleses, lo que llevó al alto mando alemán a lanzar a sus tropas en un ataque frontal contra unas posiciones defendidas por unos fusileros ingleses, los cuales estaban bien curtidos debido a las guerras coloniales y a un excelente entrenamiento de tiro, causando una auténtica carnicería entre los combatientes germanos. Los alemanes se justificarían ante su Estado Mayor de haber sufrido un “intenso fuego de ametralladora”, pero nada más lejos de la realidad: los ingleses apenas disponían de ametralladoras, lo que ocasionó estragos entre las líneas alemanas sería la tremenda precisión y la rapidez con la que los fusileros ingleses disparaban con sus fusiles Lee-Enfield. Si bien es cierto que, al día siguiente, debido a su inferioridad, los ingleses se vieron obligados a retirarse, en el Reino Unido esta victoria y esta retirada serían percibidas por el público inglés como un momento clave, pues, al comprobar el número de fuerzas con el que contaban los alemanes hizo que se multiplicaran las peticiones para alistarse en el ejército.

Los ángeles de Mons. Primera Guerra Mundial

Llegados a este punto, la tremenda hazaña británica dio pie a una leyenda sobre un ejército de arqueros fantasmas que se levantaron de sus tumbas para frenar a los alemanes. La leyenda fue conocida como la de los “Ángeles de Mons” y sería muy difundida, llegando a crear cierta histeria colectiva. ¿Dónde surge dicho mito? Todo hace entender que fue una deliberada propaganda patriótica surgida a posteriori por un relato de ficción del autor Arthur Machen (1863-1947), titulado “The Bowmen” (los arqueros), publicado el 23 de septiembre de 1914, sin duda inspirado en aquella batalla e introduciendo en ella un suceso asombroso.

The Bowmen and other legends of the war, de Arthur Machen

En aquella historia se relataba como en una batalla entre ingleses y alemanes en Mons cientos de fantasmas arqueros, dirigidos por San Jorge de Capadocia (soldado romano considerado mártir y más tarde santo cristiano) en la mítica batalla de Agincourt (batalla entre ingleses y franceses que tuvo lugar en 1415, durante la guerra de los Cien Años, con victoria inglesa) regresaron de entre los muertos para ayudar a sus compatriotas ingleses. Así comenzó el bulo, pero, más tarde, una hoja parroquial le daría crédito como narración de un milagro ocurrido a sus tropas y de ahí esta historia ficticia se extendería por diversos lugares. Como el propio Machen reconocería más tarde: “Al parecer, mi ficción se tomó por sólida realidad en aquella particular congregación y de ello se deriva que, aunque fallé en el arte de la literatura, acerté, sin proponérmelo, en el arte del engaño”.

Quisiera terminar haciendo un breve apunte como curiosidad. ¿Saben quién se hizo eco de esta leyenda, ya que participó en diversas batallas como combatiente inglés en la Primera Guerra Mundial? El que sería catedrático en la Universidad de Oxford JRRTolkien, autor del famoso relato de fantasía El Señor de los Anillos, quien introdujo en su tercer libro El retorno del Rey la dichosa leyenda, en el pasaje donde Aragorn recorre el Sendero de los Muertos para pedir ayuda a éstos en su lucha contra las fuerzas de Mordor. 

Imagen del Retorno del Rey (el Señor de los Anillos), de Peter Jackson (2003)

La carrera de Maratón: ¿Realidad, leyenda o mentira histórica?

Se cuenta que en el año 490 a. C. un soldado griego llamado Fidípides recorrió, tras la victoria ateniense contra el ejército persa, una distancia de 42 kilómetros, que son los que separan Maratón de Atenas, para transmitir la fantástica noticia, y que acto seguido cayó muerto víctima del cansancio… Pero, ¿es esta leyenda cierta, o, por el contrario, jamás ocurrió? Lean y averígüenlo…

La historia de Maratón / fuente: Wikicommons

Nos encontramos al nordeste de la capital griega, en la ciudad de Maratón, donde, en el año 490 a. C., la República de Atenas luchó almando de Milcíades contra las tropas de los persas, quienes llevaban intentando someter a aquellas ciudades-estado griegas durante todo el siglo V a.C. Se dice que a los cerca de diez mil soldados atenienses se les unieron alrededor de un millar de aliados platenses, y que a su vez  ningún hoplita espartano acudió a  aquella batalla, pero no porque no quisieran, sino porque llegaron tarde…, aunque la explicación de su demora es tan asombrosa como surrealista: los aliados espartanos llegaron demasiado tarde porque aquel día la luna era llena y, según sus tradiciones, aquellos duros y fornidos soldados de tan magnífico ejército no podían entrar en combate. Los griegos vencieron pese a la enorme superioridad de los persas, lo cual fortaleció la confianza de éstos y les animó a seguir luchando contra su poderoso archienemigo.

Batalla de Maratón / fuente: Historia general

Desde la nueva fundación de Grecia en 1830, tras el conflicto armado ocurrido entre 1821 y 1832 contra el dominio del Imperio Otomano, por el cual Francia, Gran Bretaña y Rusia firmaron el Protocolo de Londres, donde se proclamaba la independencia griega, aquella victoria contra los persas comenzó a ser reconocida como mito nacional del nuevo estado. Llegó incluso a levantarse en la ciudad de Maratón un túmulo en honor de los 192 hoplitas griegos caídos durante aquella batalla decisiva para conseguir la libertad de toda la Hélade.


Túmulo de Maratón / fuente: Maratón de Atenas


La leyenda nos cuenta que, en el momento en que la victoria de los atenienses estuvo asegurada, fue enviado un tal Fidípides (aunque en otra versión de la misma se hace llamar Tersipo), cargado con la armadura, la lanza propia de aquellos soldados, y en sandalias, para hacer saber a toda la población la buena nueva, por lo que tuvo que recorrer los 42 kilómetros que separaban a Maratón de la capital ateniense. El historiador Plutarco (46 d.C – 120 d.C) nos cuenta que, tras llegar aquel soldado a Atenas, gritó: «¡Alegraos, hemos vencido!» para, acto seguido, caer muerto de agotamiento.

A partir de esta leyenda se originó la famosa disciplina olímpica del maratón, que se corre desde los primeros juegos celebrados en la era moderna, que tuvieron lugar en Atenas en 1896: se trata de una carrera de fondo de cuarenta kilómetros, más o menos la distancia entre Maratón y el centro de Atenas, pues la longitud actual de 42,195 kilómetros se estableció en 1924. Desde entonces, los atletas corren la extensión correspondiente a la distancia entre el castillo de Windsor y el estadio de White City, y se remonta a los Juegos de Londres de 1908.


Maratón de Boston / fuente: teinteresa

En aquel primer maratón de 1896 ganó la prueba un pastor griego llamado Spiridon Louis, tardando para ello en casi tres horas, lo que supuso toda una sorpresa, pues aquel pastor era considerado por los suyos como un marginado al que no tomaban en serio, por lo cual corrió en el equipo de los Estados Unidos. Que decir que aquella victoria lo convirtió en héroe nacional, y poco importó entonces, o fue olvidado, el hecho que ganara con el equipo norteamericano. En la actualidad, Spiridon Louis sigue siendo un icono. Tanto es así que el nuevo estadio olímpico de Atenas, que se construyó en el año 2004, fue bautizado con su nombre.


Estadio Olímpico de Atenas Spiridon Louis / fuente: templos del futbol 

Sea como fuere, aquel pastor no solo fue el vencedor del primer maratón olímpico moderno, sino del primer maratón como tal. Y esto es así porque la leyenda de aquel soldado griego que fue a avisar a la ciudad de Atenas sobre la victoria al todopoderoso ejército persa no tiene ningún fundamento histórico… Y esto es algo en lo que están de acuerdo la mayor parte de historiadores. ¿Cómo podemos saber que aquello jamás ocurrió? Pues tenemos dos grandes detalles que nos hacen creer que aquella historia es muy improbable que sucediera. Por un lado, tenemos al principal cronista de aquella batalla, que no es otro que el famoso historiador griego Heródoto (482 a.C. – 425 a.C.), que jamás hizo mención de dicho corredor, algo que ya de por si lo hace bastante sospechoso. Es del todo improbable que el historiador griego, que nos relata y glorifica aquella hazaña griega frente a la superioridad persa, no hiciese referencia de aquel valiente soldado que sacrificó su vida para poder llevar la noticia a sus compatriotas. Dudoso es, ¿verdad? Por otra parte, tenemos un detalle nada baladí, y es que no había ninguna necesidad de mandar a nadie tantos kilómetros para avisar de aquello. Por aquel entonces, lo griegos ya llevaban utilizando bastante tiempo un sistema de transmisión de noticias vía señales, con lo que podrían haber informado de aquella victoria mucho más deprisa y sin tener que mandar a nadie a recorrer aquella distancia.

Serían escritores posteriores los que incorporarían al corredor Maratón en sus descripciones de la batalla, y lo harían precisamente por algo que sí escribió Heródoto, que fue la hazaña de un tal Fidípides, el cual recorrió cerca de doscientos kilómetros para avisar a los espartanos del desembarco persa en Maratón… Pero, como ocurre siempre, la leyenda se hizo tan popular que, aunque no tenga ningún viso de ser cierta, acabo siendo aceptada por todos.

Héroe nacional inglés: de cómo consiguió un soldado llegar por “suerte” a la máxima distinción

Durante la guerra de Crimea (1853-1856), un soldado inglés se convertiría en héroe nacional, condecorado con todos los honores, debido a su increíble fortuna o suerte, siendo esta historia conocida gracias a que el escritor Mark Twain nos la dejara escrita en un relato en 1886, llamado “Luck”… Veamos su historia…

El escritor y periodista estadounidense Mark Twain (1835-1910), cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, redactó en un cuento de 1886, llamado “Luck” (suerte), una crónica donde se especificaba que no era ningún trabajo de fantasía, sino que los hechos relatados habían sucedido realmente, explicando en repetidas ocasiones que no era un trabajo de ficción, todo lo contrario, fue un hecho verídico. 

Mark Twain | Fotografía: A. F. Bradley (Nueva York, 1907)

 El héroe de dicha historia era el teniente general Lord Arthur Scoresby, quien recibió todo tipo de honores debido a su ingenio como estratega militar, el cual lo convirtió en un héroe en la guerra de Crimea (1853-1856), siendo considerado por los ingleses como el salvador de la nación. Twain llegó a reproducir una conversación con un clérigo que decía conocer en profundidad la vida de Scoresby, quien le confesó que jamás había destacado por nada, todo lo contrario, que era un patán y un negligente. Le contó que se trataba de un ignorante que había conseguido pasar las pruebas del ejército por su buena suerte. Cuenta como durante la guerra de Crimea consiguió ir ascendiendo poco a poco debido a la casualidad, y que cuando su superior cayó en batalla, y siendo el siguiente en el rango, tuvo que hacerse con el mando de las tropas para mayor sorpresa de su tropa.

Batalla de Balaclava | Fuente: Google

¿Qué fue entonces lo que ocurrió para ser reconocido como héroe nacional? Pues, resulta que ordenó a su tropa que se dirigieran a una colina cercana donde suponía que no había ni rastro del enemigo. Sin embargo, resultó que allí se encontraba un grupo de soldados rusos, quienes, creyéndose descubiertos, se batieron en retirada dejando libre la colina, y convirtiendo una aparente derrota en una victoria, siendo condecorado con la más alta condecoración tras aquel suceso.

¿Qué fue lo que hizo que actuara así? Pues sencillo, resulta que había recibido la orden de retirarse para proteger el flanco derecho, ya que por entonces el ejército inglés estaba perdiendo la batalla, y, por torpeza o suerte, confundió la derecha con la izquierda. 

Debido a esta confusión o error se extendió su fama como un extraordinario estratega.

SAN NICOLÁS DE MYRA: el origen de Papá Noel

Llega la fecha de Navidad, y como cada año todos los niños esperan ilusionados la visita de ese hombre gordinflón, viejo, de pelo y larga barba blanca y vestido todo de rojo. Sí, ese que, viajando en un trineo tirado por varios renos, entra en nuestras casas de noche para dejar los ansiados regalos… Pero, ¿sabían que sus orígenes se remontan al siglo III d.C., y que su nombre era Nicolás? Sigan leyendo…

SAN NICOLÁS DE MYRA

Para contar su historia debemos viajar al año 270, (otras fuentes lo fechan en 280) a la ciudad de Patara, en la privincia de Lycia (Turquía), que es cuando nació el pequeño Nicolás. Sus padres eran devotos cristianos de la época, y debido a que su situación económica era algo desahogada pudieron ofrecer a su hijo una buena formación. Eso sí, educado en el credo que profesaban sus padres, claro. Pero el infortunio llegó pronto a esta familia, pues, debido a una epidemia, sus dos progenitores murieron, dejando huérfano al pequeño. Ahora bien, recibió en herencia una más que considerable fortuna según las fuentes.

Las mismas fuentes no cuentan que tal vez debido a la vocación religiosa que sus padres le trasmitieron, éste decidió entregar todos sus bienes a los más necesitados de su localidad, y que tras aquello ingresó en el monasterio de Sion, siendo ordenado sacerdote a los diecinueve años por su tío, el por entonces arzobispo de la ciudad de Myra (Demre, Turquía). El caso es que, al poco tiempo su tío también falleció, dejando vacante su cargo. Es aquí cuando, y siguiendo a la tradición, el joven Nicolás consiguió llegar a ocupar el puesto de su tío de forma providencial. Según se cuenta, los presbíteros encargados de elegir al nuevo patriarca no terminaban de ponerse de acuerdo en quién debía regir la comunidad. A tal punto de discusiones debieron llegar que terminaron pactando que el primer sacerdote que atravesase la puerta del templo sería nombrado como arzobispo de Myra. Obviamente, fue Nicolás el que cruzó aquella puerta, siendo por tanto elegido para tan alto cargo, a pesar de su juventud. Por otra parte, se ve que aquello no entraba en sus planes, pues tenía deseos de viajar y retirarse en un futuro a la Tebaida, en Egipto, lugar de retiro de ermitaños cristianos, para poder llevar una vida más contemplativa, en soledad y oración. No obstante, se ve que en los siguientes años Nicolás obtuvo gran notoriedad debido a sus obras de caridad prestadas a las familias pobres de la zona, y especialmente con los niños, a quienes regalaba juguetes construidos por él mismo, comenzando aquí el mito.

Unos años después, entre el 303 y 305, los cristianos del Mediterráneo Oriental fueron duramente perseguidos por orden del emperador romano Diocleciano (284-305). En estás persecuciones, Nicolás fue detenido y encarcelado. Pero, por fortuna, tras la llegada al poder imperial de Constantino (306-337), éste ordenó liberar a todos los cristianos en cautiverio. Entre ellos al arzobispo de Myra.

No termina ahí su relación con Constantino, pues unos años más tarde, en el 325, la tradición sitúa a Nicolás en Nicea (Iznik, Turquía), como participante del famoso Concilio de Nicea (la primera reunión general de todos los obispos de la cristiandad, que convocada por el propio Constantino debían dar cuenta, entre otros temas, al conflicto surgido por el arrianismo), donde se distinguió por su férrea defensa de la divinidad de Cristo frente a la herejía arriana, y por su persecución al todavía presente paganismo romano, sobre todo a los culto que en la región parecían resistir, los de Artemisa y los de Apolo. De hecho, debido a la protección que el imperio romano a partir de entonces ofreció a la Iglesia, y a nuevas legislaciones que condenaban los antiguos santuarios romanos, Nicolás ordenó la destrucción del templo de Artemisa en Myra, así como varias construcciones paganas más.

Estos serían los datos que poseemos más fiables históricamente hablando sobre el que que sería el futuro san Nicolas, gracias a la biografía sobre su figura que recogió san Metodio (815-885), obispo de Constantinopla. Una cosa está clara, la fecha en la que Metodio escribió su biografía nos indica la devoción que por entonces contaba, sobre todo en la Iglesia de Oriente.

La leyenda

Según nos cuentan las historias recogidas sobre la figura de San Nicolás, éste destacó, sobre todo, por su gran caridad para con los necesitados, y, como ya antes dije, por su preocupación por los más pequeños. De hecho, le fue colocado el apelativo de episcopus puerorum (el obispo de los niños).

Tal vez por esa actitud compasiva que Nicolás mostró en vida, y porque para ser nombrado santo debían atribuirle ciertos milagros, surgió en torno a su figura ciertas leyendas. Una de ellas es la que se denomina la de ¨los tres hermanos¨.

Según la tradición, esta historia comienza cuando Nicolás, estando de viaje para asistir a aquel famoso Concilio de Nicea, pasó una noche en una posada. Nicolás, al dormirse, soñó que en aquella misma posada se habían alojado unos cuantos años antes (siete según la tradición) tres jóvenes hermanos, hijos por lo visto de una rica familia que los enviaba a Atenas para continuar con sus estudios. Según el sueño, el posadero, tal vez cegado por la ambición, decidió matar a aquellos tres hermanos para hacerse con sus posesiones. No obstante, en el sueño Nicolás pudo observar que el posadero, tras robarles, decidió ocultar sus cuerpos de una manera atroz, troceando sus cuerpos y ocultándolos en diversas tinajas de salmuera (en conserva), con la idea de ir deshaciéndose de ellos poco a poco. Pero no de cualquier manera, no, sino sirviéndolos en los menús de sus clientes. Nicolás, tras despertar horrorizado por lo que acababa de ver en sus sueños, se dirigió rápidamente hacia el posadero, a quien hizo confesar del terrible crimen ocurrido años atrás. El posadero se declaró culpable, tras lo cual llevó al obispo hasta las tinajas donde aún se conservaban ciertas partes de los cuerpos… Entonces, Nicolás, tras inclinarse sobre aquellas tinajas, y tras hacer la señal de la cruz sobre cada una de ellas, los cuerpos comenzaron a juntarse y los tres hermanos volvieron a la vida.

San Nicolás revive a tres niños que habían sido asesinados y puestos en salmuera

Tras aquel prodigioso suceso atribuido al santo, le siguió otro no menos increíble, y que se conoce como el de ¨las tres hermanas¨, y que sin duda es, dentro de la tradición, la que mayor influencia ha ejercido en las posteriores costumbres navideñas, como van a ver.

Esta vez la acción de esta tradición se sitúa en la ciudad natal de Nicolás, en Patara, donde vivían tres hermanas, hijas por lo visto de una familia que si bien anteriormente habían poseído grandes riquezas, en esos momentos pasaban por grandes dificultades. Tanto es así que, debido a la ruina que arrastraba el padre, había decidido venderlas en cuanto alcanzasen la edad para poder ser desposadas (otra versión cuenta que iba a venderlas para ser prostituidas), pues carecía del dinero para poder ofrecer la dote matrimonial de cada una de ellas. Sea como fuere, el obispo Nicolás terminó, no se sabe bien cómo, conociendo la situación de estas chicas jóvenes. Según se cuenta, cuando a la mayor de ellas le llegó el momento, Nicolás hizo que le llegara en secreto a la chica una bolsa repleta de monedas de oro que le sirviera como dote, y con ello poder evitar ser vendida (o prostituida). Poco tiempo después, cuando le llegó al mismo momento a la segunda de las hermanas, Nicolás actuó de la misma manera que hizo con la mayor. Ahora bien, hay que hacer constar de qué manera les llegaba aquella bolsa de monedas de oro a las jóvenes y que tanta importancia tiene para la tradición navideña. A saber, Nicolás, tal vez no queriendo desvelar su identidad para no humillar a la familia, arrojó, en ambas ocasiones, una bolsa repleta de monedas de oro a través de la ventana de la casa. Y, curiosamente, en ambas ocasiones la bolsa cayó dentro de unos calcetines que se estaban secando al fuego de una chimenea (en otra versión, Nicolás lo hacía encaramándose al tejado, dejando entonces caer la bolsa por el conducto de la chimenea). Como pueden observar, tanto la chimena como los calcetines, son elementos que tendrán gran importancia en el futuro de la celebración navideña.

Pero aún quedaba en esta historia una tercera hermana. El padre, viendo que le llegaba la edad propicia para desposarse, y sintiendo la mayor de las curiosidades para descubrir quién era el misterioso protector de sus hijas, decidió esconderse aquella noche y vigilar su casa para dar con el oculto benefactor. Nicolás, por su parte, ignorante de lo el padre de la chica había diseñado para descubrirlo, se acercó, de la misma manera de que las otras dos veces, a la casa, y cuando acababa de arrojar la bolsa de dinero por la ventana, fue sorprendido por el padre, quien tras agradecérselo, al día siguiente recorrió las calles de la ciudad para dar a conocer la gran generosidad del obispo.

San Nicolás arroja monedas para ayudar a pagar la dote matrimonial de tres hermanas

No obstante, no fueron estos los únicos milagros que se le han atribuido a san Nicolás. También se cuenta que resucitó a un marinero egipcio que se había ahogado durante un viaje a Tierra Santa, o incluso de salvar de un terrible temporal a unos marineros ante las oraciones que éstos hacían.

Su muerte

Nicolás murió un 6 de diciembre del año 342, tras lo cual fue ampliamente venerado en el Imperio bizantino. Hay que decir que tras su muerte, en Constantinopla se erigieron veinticinco templos dedicados a su figura, y en todo Grecia habría cerca de trescientos. Es más, Nicolás fue el primer santo, no mártir, que gozó de fama tanto en Oriente como en Occidente… Una prueba de ello es que en poco tiempo se convirtió en patrón de la infancia, de los marineros, de los comerciantes, boticarios y de las chicas en particular…

Tras su fallecimiento, su cuerpo fue enterrado en la isla de Genile (Turquía), siendo su tumba un lugar de peregrinación desde muy temprano. En su lugar de nacimiento, en Patara, se le construyó una puerta monumental en su honor, y en Myra se le construyó una sencilla basílica. Por otra parte, incluso Roma, en el año 550, ya contaba con un templo en su honor. No obstante, lo más importante para lo que estamos contando, es que la fecha de su muerte, un 6 de diciembre, pronto se convirtió en un día muy celebrado, al popularizarse la costumbre de mostrar el mayor de los afectos a los niños haciendo aquello que tantas veces Nicolás había hecho en vida en su ciudad: entregarles regalos. Sí, ya lo sé, un 6 de diciembre y no un 25 de diciembre, pero sigan leyendo…

Tumba de San Nicolás

Devoción medieval

Durante toda la Edad Media el fervor por san Nicolás fue creciendo de manera espectacular. También será durante estos siglos medievales cuando el santo sufrió un proceso de metamorfosis. Veamos…

Podríamos decir que su culto en Occidente se inició en la zona germana debido al matrimonio entre el emperador Otón II, el Rojo (967-983) con la princesa de origen bizantino Teofanía, en el año 972 . También en el mismo siglo, los vikingos lo adoptaron como santo protector, debido a la tradición de ser patrón de los marineros, y los vikingos marineros eran un rato… Y éstos, muy posiblemente, fueron los que introdujeron su devoción en Rusia. Tanto es así que acabó por convertirse en patrón del país.

Su devoción fue tan grande que pronto su cuerpo se convertiría en una valiosa mercancía. Ya saben aquella creencia que en aquella época tenían las reliquias… Así que en el año 1087, unos comerciantes italianos robarían su cuerpo de la catedral de Myra, trasladándolo a Bari (Apulia, Italia), y dándole sepultura en la catedral de san Esteban un 9 de mayo de ese mismo año, no sin antes, por lo visto, vender parte de sus restos como reliquias.

Sea como fuere, hasta mediados del siglo XIII la fiesta de san Nicolás se celebró en primavera… No obstante, a partir de entonces se trasladó la fecha de su celebración al 6 de diciembre (cuando murió realmente), asociando aquella fecha con la entrega a los niños de regalos.

Por aquellos entonces, san Nicolás se había convertido también en patrón de Ámsterdan, y continuó la tradición de entregar regalos a los niños la noche del 5 al 6 de diciembre… Y así continuó la fecha de su festividad hasta el siglo XVII, cuando se trasladó al día 25 de diciembre. Hay que contar que durante todo el siglo XIV, todos aquellos niños que formaban parte de los coros de todas aquellas iglesias dedicadas al santo en los Países Bajos (un total de veintitrés) gozaron de una prerrogativa que les permitía ganar cierta cantidad de dinero, así como de descansar el día de su festividad. Con el pasar de los años, y una vez que llegaba el día de su celebración, los alumnos de las escuelas monásticas eran recompensados (o castigados según su comportamiento) por un profesor, quien vestido del viejo Nicolás procedía a repartir los regalos que traía consigo en un enorme saco.

No obstante, también comenzó por aquella época a unirse su figura a ciertas leyendas de tipo local y totalmente paganas, y todas ellas vinculadas con el renacimiento vegetal. De esa manera, por ejemplo, comenzó a ser identificado como el Padre Invierno de los escandinavos, o con los diferentes gnomos o espíritus de la naturaleza de los celtas. Según ciertas tradiciones, esos seres no solo tenían una función simbólica dentro de sus culturas, sino que obsequiaban a los niños con ciertos regalos cada vez que llegaba el invierno. De toda esta metamorfosis entre las figuras de las leyendas locales y de san Nicolás, nacerían nuevos mitos locales, como Kolya en Rusia, Svaty Mikulas en Chequia y en Eslovaquia, Niklás en Austria y en los cantones suizos, Sinter Klaas en los Países Bajos o Father Chrismas en Gran Bretaña, entre otros tantos…

Y de ahí a la actualidad: de Santa Claus a Papá Noel

Si bien, como hemos visto, su figura sufrió un proceso de metamorfosis y de expansión constante durante la Edad Media y durante la Edad Moderna, será ya llegado el siglo XIX cuando este fenómeno sufrió un mayor proceso de transformación, cambiando dramáticamente su imagen. En esta época, el bueno de san Nicolás pasó de ser un obispo a ser una anciana y así, de nuevo, y ya en Norteamérica, en el famoso Santa Claus, para pasar, otra vez a Europa, a ser nuestro querido Papá Noel. Ahora bien, estas dos últimas representaciones del santo son debido a la literatura y a su publicidad.

Será en el año 1809, cuando un escritor norteamericano llamado Washington Irving (1783-1859) publicó un libro titulado Historia de Nueva York según Knickerbocker, donde se nos narra, de un modo satírico, la vida de aquellos primeros colonos holandeses que llegaron a la costa este de Norteamérica y que fundaron Nueva York. Pues bien, en este libro, la figura de Nicolás aparece, pero su imagen se ha transformado, ya no es un obispo de edad avanzada, sino un hombre de mediana edad, bastante alegre y generoso… y que con su caballo volador surcaba los cielos de la ciudad mientras arrojaba regalos a sus habitantes a través de sus chimeneas. Curioso, ¿verdad? Aquella historia gustó tanto que pronto se popularizó aquella figura, tanto entre los holandeses como los colonos ingleses, quienes aceptaron de buena gana su celebración el 6 de diciembre, y del nombre holandés de Sinte Klaas derivó a Santa Claus, que es su pronunciación anglosajona.

No queda aquí la historia. Un poco después, en 1822, un profesor de Teología y Sagrada Escritura llamado Clement C. Moore, en las navidades de aquel año, compuso un poema navideño para leérselo únicamente a sus seis hijos… Pero, aquello que se escribió en un contexto familiar, pronto tuvo una enorme repercusión, ya que su mujer se lo pasó a un amigo, y éste a su vez al periódico Sentinel de Nueva York, siendo publicado el 23 de diciembre de 1823. El titulo de aquel poema fue: ¨Un relato sobre la visita de san Nicolás¨. En aquel relato, a diferencia del caballo volador de Irving, lo que aparecía era un trineo volador tirado por varios renos, y al personaje de Nicolás se había convertido en una especie de gnomo gordo, bajito y alegre, que vivía en un lugar cercano al polo norte y que además repartía regalos a los niños en la misma noche del nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre. Es más, tanta repercusión parece que tuvo, que el propio Inving, encantado con aquella nueva imagen, ayudó a difundirla. Y no solo eso, Moore, en el año 1835, llegó a fundar una sociedad literaria, donde Irving fue su primer secretario, y que estaba muy marcada por aquellas historias de san Nicolás. El 6 de diciembre de aquel año se produjo su primera reunión. Queda claro que aquella fecha no era casual, y que era un claro homenaje a ese Santa Claus que la tradición holandesa había dejado huella en aquella sociedad. Lo cierto es que esa imagen tuvo gran aceptación, creciendo rápidamente entre la población.

No obstante, su imagen, durante varios años, fue cambiando debido a que cada dibujante de daba su toque personal… Así hasta que un dibujante alemán llamado Thomas Nast le dio el aspecto más popular de todos en el año 1863, tomando como partida elementos tanto de Irving como de Moore. Pronto aquella nueva imagen se gano el reconocimiento de la población. Nast había dibujado a un gnomo barbudo, más bien gordo, que vestía con pieles de color rojizo y que vivía en el Polo Norte, además de representarlo junto a elementos como el muérdago, el acebo o el abeto. Y, para rematar su imagen, debemos ir hasta el año de 1931, que es cuando se le dieron los últimos retoques a su figura y que lo alejaban un poco de la imagen que le dio Nast de gnomo y convirtiéndolo en algo más humano. Esa nueva imagen se la debemos al dibujante Norteamericano de origen sueco Habdon Sundblom, quien trabajaba para la empresa de Coca Cola. Dicha compañía inició una campaña publicitaria en aquel año en la que el protagonista, que salía bebiendo una coca cola, claro está, fue el dibujo de Santa Claus dibujado por Sunbdlom. Ni que decir tiene que aquella imagen tuvo un éxito brutal, y que fijó su estética hasta la actualidad.

Publicidad de Coca-cola® con Papá Noel de Haddon Sundblom

Ahora bien, aquel personaje inspirado en san Nicolás que viajó a Norteamérica de mano de colonos holandeses, hizo su tornaviaje regresando a Europa. Y aunque su imagen nada tenía que ver con el Santa Claus de tradición holandesa, pronto se ganó la simpatía en toda Europa, sobre todo en Gran Bretaña. Y esto es curioso, puesto que tras el siglo XVII los dirigentes protestantes ingleses hicieron todo lo posible por hacer desaparecer la festividad navideña. Sería a inicios del siglo XIX cuando parecer ser que aquella celebración fue ganado adeptos gracias a la introducción del famoso árbol de Navidad, tradición que llegó desde Alemania, y a la gran labor de escritores y periodistas.

De nuevo hay que hacer mención a Washington Irving, ya que en el año 1818 se trasladó a vivir a Inglaterra, donde escribió un libro titulado Libro de apuntes, donde tuvo a bien incluir un antiguo relato sobre las fiestas de Navidad en Yorkshire, en Inglaterra, recordando así a los británicos aquellas celebraciones de su pasado. Unos años después, el célebre Charles Dickens (1812-1860) ofreció al mundo su gran obra Canción de Navidad, un conjunto de cuentos publicados entre 1843 y 1848, los cuales alcanzaron un tremendo éxito. Gracias a aquellas obras y a otras cuantas más, la figura de aquel Santa Claus cobró gran importancia… Pero aquello también le debe a la labro de la prensa, que entre 1870 y 1880 publicó ciertas historias sobre un hombre misterioso, envuelto en cierta aura mágica, que visitaba los hogares en la noche de Navidad para dejar juguetes a los niños. En algunas de esas historias se llamaba Santa Claus, en otros Father Chrismas o ¨Padre Navidad¨… Aunque no tardó en fusionarse ambas figuras, provocando que en Inglaterra la celebración de la Navidad era ya todo un hecho.

En Francia pronto se recibió aquella figura desde Inglaterra ganando gran simpatía, siendo conocido como Père Noël, o ¨Padre Navidad¨, que es de donde procede Papá Noel. Ahora bien, a diferencia de los ingleses que habían casi abandonado su tradición navideña, los franceses ligaron al recién Santa Claus con alguien muy presente en su folclore tradicional, el llamado Bonhomme Noël, o ¨Buen Hombre de Navidad¨. Según leyendas francesas, este Noël era un anciano misterioso de barba blanca que en la noche de Navidad entregaba a los niños que bien lo merecían regalos y golosinas. Aquí en España tenemos una figura muy parecida en el País Vasco llamado el Olentzero, un ser mitológico de la tradición navideña vasca que trae también regalos el día de Navidad a los hogares de la zona que bajaba de los montes cercanos con un saco lleno de regalos. En Cataluña estaba el Tió Nadal, en Galicia el Apalpador

FUENTES:

GÓMEZ, Franciso José. Breve historia de la Navidad. Madrid: Nowtilus, 2014.

FLORISTÁN, Casiano. Las Navidades, Símbolos y tradiciones. Madrid: PPC Editorial, 2001.

KELLY, Joseph F. El Origen de la Navidad. Bilbao: Ediciones Mensajero, 2005.

PASCUAL, Carlos. ¨De viaje con Papá Noel o san Nicolás o Santa Claus¨. En : El País Semanal, 2004; nº 1472: 11-18.

EL ORIGEN DE LA TUMBA AL SOLDADO DESCONOCIDO

Tumba al Soldado Desconocido (París)

En Francia, bajo el famoso Arco del Triunfo, se encuentra una tumba en homenaje al Soldado Desconocido. Instalada en aquel lugar desde el 11 de Noviembre de 1920, y donde se supone que hay enterrado un soldado no identificado, aunque eso sí, francés, muerto en la batalla de Verdún (1916), en la Primera Guerra Mundial, pero que representa a todos aquellos soldados franceses que cayeron en aquella terrible contienda mundial. Años después, en 1923, se encendió una llama para que se mantuviera vivo el recuerdo de los allí caídos. Llama, por otra parte, que es encendida cada día a las 18:30 y que se conoce como la Llama Eterna… (Como curiosidad decir que durante el Mundial de Francia de 1998, la llama fue apagada por un fanático mexicano con su orina, por lo que fue arrestado y acusado de «ofender a los muertos», aunque hay que aclarar que el tipo estaba bastante perjudicado por el alcohol).

Ahora bien, el propio Arco del Triunfo es un monumento levantado como homenaje a los caídos por decisión de Napoleón Bonaparte tras la batalla de Austerliz (1805) o batalla de los Tres Emperadores: Franciso I de Austria, el zar Alejandro I de Rusia y el propio Napoleón. La victoria francesa en aquella contienda no obstante dejó cerca de 9.000 muertos y heridos, pero Napoleón les prometió a sus hombres: «Volveréis a casa bajo arcos triunfales».  Dicho y hecho, Napoleón cumplió su promesa construyendo tan magnífico monumento, donde se albergan grabados en el interior del Arco del Triunfo los nombres de las victorias más importantes a lo largo de la Revolución Francesa y de las Guerras Napoleónicas, y las victorias menos importantes y los nombres de 558 generales caídos en combate grabados en el interior de sus muros.

No obstante, esta no es la única tumba que homenajea a un soldado desconocido, en Dinamarca existe el Monumento al Landsoldater (soldado de infantería); en Varsovia también hay una tumba al Soldado Desconocido; en Canberra (Australia) existe la Tumba del Soldado Desconocido en un centro de conmemoración (el Australian War Memorial) donde se hace homenaje a todas aquellos que han muerto o participado en las guerras en las que ha participado Australia; en Rosario (Argentina) en homenaje a los combatientes caídos en el enfrentamiento armado llamado Combate de San Lorenzo (1813), entre independentistas argentinos y tropas realistas españolas, hay colocada una Urna cineraria con restos de aquellos argentinos caídos en la batalla; en Moscú podemos ver una tumba en el Jardín Alexander  también en homenaje al Soldado Desconocido; o en Delhi (la India), donde podemos ver la llamada Puerta de la India, anteriormente llamada Memorial de todas la guerras indias, donde se conmemora a todos aquellos soldados indios que murieron en la Primera Guerra Mundial y en la Guerras Afganas de 1919… Podríamos seguir con multitud de ejemplos en muchos países, como en Austria, Bélgica, Brasil, Canadá, Egipto o en Estados Unidos, con la tumba de los desconocidos, en el Cementerio Nacional de Arlington (Virginia) o la tumba del soldado desconocido en la Plaza Washington, Filadelfia (Pensilvania), y tantos otros casos similares… Lo que indica que es algo frecuente en muchas sociedades y culturas tras un conflicto bélico, pero, ¿cuál es el origen de estos homenajes?

Tal vez, y obviando el Arco del Triunfo de Napoleón por no ser en un sentido estricto un monumento a ningún soldado desconocido, a la práctica de esta tradición tengamos que darle como comienzo el final de la Primera Guerra Mundial, en el Reino Unido, donde se procedió a enterrar a un soldado desconocido caído en tan brutal guerra en nombre de todos aquellos que cayeron en la misma contienda, en la Abadía de Westminster, en 1920, y que, posiblemente, llevó a los demás países a seguir el mismo ejemplo, como pudo ser la colocada bajo el Arco del Triunfo en París. No obstante, si tiramos un poco atrás en el tiempo, concretamente a 1849, nos encontramos un monumento en Fredericia (Dinamarca), donde se hace homenaje al Landsoldaten (Soldado de Infantería), tras la Primera Guerra de Scheswing o Primera guerra pruso-danesa, conflicto que enfrentó a la Confederación Germánica con Dinamarca (1848).

A día de hoy, por otra parte, es difícil que monumentos con esas características puedan ser erigidos, pues contamos con la ventaja de poder identificar a los caídos gracias al análisis de su ADN… Eso sí, tal vez como homenajes a aquellos que han caído pero sus cuerpos no han podido ser recuperados.

Ahora bien, el origen de estos monumentos es más lejano en el tiempo… Y para ello debemos retroceder nada menos que a la Atenas de Pericles, en el siglo V a. C. Y, sobre todo, referirnos al famoso Discurso Fúnebre de Pericles recogido por Tucídides en su Historia de la Guerra del Peloponeso, la fuente más completa sobre la guerra que enfrentó a finales del siglo V a. C., a la Liga de Delos, liderada por Atenas, contra la alianza de las ciudades del Peloponeso, liderada por Esparta, y que, finalmente, condujo a la derrota ateniense en el 404 a.C., y a la pérdida de su poder acumulado tras la llamada Petecontecia (los cincuenta años que pasaron desde que Atenas derrotó a los persas y que la llevaron a convertirse en la Polis dominante de la Grecia central y de la Liga de Delos).

El magistral análisis de Tucídides sobre la guerra que espartanos y atenienses libraron entre los años 431 a 404 a.C., en su Historia de la Guerra del Peloponeso, donde se acepta sin reservas la «veracidad» del relato, nos dejó, tal vez en un intento de exculpar a Pericles de la responsabilidad de haber provocado la guerra, un fantástico discurso fúnebre que el autor pone en boca de Pericles, supuestamente dirigido a los atenienses muertos en la primera de las campañas, siendo tal vez el mayor elogio que conocemos de la democracia antigua, y donde los ideales que ahí se formulan han tenido una gran influencia sobre lo que posteriormente se ha entendido por democracia de estado bajo la soberanía de la ley. Sea como fuere, no se puede separar el discurso de su escenario… Unos funerales de la mayor solemnidad, con los huesos de los muertos reunidos conjuntamente en diez sarcófagos, que representaban a cada una de las diez tribus electorales tras las reformas de Clístenes (508 a.C.), que a su vez servían de subdivisión militar para el ejército, pero donde, casualmente, se hace mención a un undécimo sarcófago, pero vacío, representando a aquellos muertos cuyos cadáveres no habían sido recuperados, y que, tal vez, sea el verdadero origen de la creación de las tumbas al soldado desconocido que conocemos.

Si en verdad había pronunciado Pericles un discurso así en aquel momento inicial de la Guerra del Peloponeso, debió de quedar profundamente grabado en la mente de los atenienses. Por otra parte, Platón, por boca de Sócrates, en su Menéxeno, nos ofrece toda una parodia de la retórica centrada en los discursos fúnebres en general y del célebre discurso de Pericles en particular. Al margen de las evidentes exageraciones, Sócrates nos deja ver las ventajas que tenía morir en la guerra: «sin tener que ocuparse de ello, consigue uno un magnífico entierro y un impresionante elogio fúnebre, que deja a todo el mundo con el corazón en un puño». Valga decir también que Sócrates afirma que el discurso fúnebre en cuestión no procedía de Pericles sino de su amante, la extranjera y sabia Aspasia, pero esa es otra historia…

Para terminar, no podemos dejar de hacer mención a los monumentos patrios similares, como son el Monumento a los Caídos por España, y que antes de 1985 era conocido como Obelisco a los héroes del Dos de Mayo, donde se alberga los restos de combatientes anónimos del Dos de Mayo  de 1808, en Madrid; y, cómo no, no podía faltar el Valle de los Caídos, de tan rabiosa actualidad, situado en el municipio de San Lorenzo de El Escorial, en la Comunidad de Madrid… Pero esta también es otra historia.

Fuentes:

HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, David / LÓPEZ MELERO, Raquel. CIVILIZACIÓN GRIEGA. Madrid: Alianza Editorial, 2014.

Wikipedia.

LUCRECIA: la historia de una violación en la antigua Roma

Tarquinio y Lucrecia en la versión de Tiziano (1571)

La tradición historiográfica sitúa el final de la monarquía romana en 509 a.C., con la expulsión de Tarquinio “el Soberbio”, debido a la violación, por parte de uno de sus hijos, a la esposa de un pariente suyo, llamada Lucrecia… Pero, ¿qué hay de cierto en esta historia? Y de ser así, ¿qué hay tras este terrible suceso? Y ¿Existe algún mensaje oculto tras esta violación que se ha perpetuado en la historia? Continúen leyendo…

La monarquía romana

Segun la historiografía, la fundación de Roma fue obra del mítico Rómulo en 753 a C., dando origen a la realeza romana. Tras él vendrían Numa Pompilio, Tulo Hostilio, Anco Mario (reyes de la monarquía latino-sabina), a los que seguían Tarquinio Prisco, Servio Tulio y, finalmente, Tarquinio el Soberbio (pertenecientes a la monarquía etrusca). No obstante, debo aclarar que todo lo que de ellos sabemos, tanto de la propia fundación de la urbe, como de las instituciones que a ellos se les atribuye y los posibles enfrentamientos con los pueblos vecinos, pertenecen más al ámbito del mito que a la historia real… Aunque eso no significa que, a excepción de Rómulo, no hayan existido realmente. Cosa diferente es las atribuciones que se les ha otorgado por parte de los autores clásicos.

Realmente solo conocemos breves pinceladas sobre la historia inicial del Estado romano durante la época de la monarquía y el comienzo de la República. Los comienzos de la historiografía romana, como los de su literatura en general, se remontan solo al siglo III a.C., y aquella historiografía, asociada básicamente al nombre de Quintus Fabius Pictor, solo podía saber de los tiempos antiguos aquello que se había trasmitido de forma oral y, por supuesto, muy impregnado de leyendas. Sin embargo, esta versión sobre la temprana historia de Roma, forjada en los tres siglos anteriores a la era cristiana, no ha llegado hasta nosotros, sino que la conocemos, fundamentalmente, por el uso posterior que se hizo de ella, principalmente por parte de Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso, que la transformaron aún más desde el punto de vista de su propia época, la de Augusto. Por eso son tan dudosas muchas de las noticias sobre acontecimientos y circunstancias de la temprana Roma. Y uno de esos acontecimientos, igual de mítico que mucho de lo que nos ha llegado, es la caída del último monarca, Tarquinio el Soberbio, debido a un acto tan deprobable como es una violación.

Tarquinio el Soberbio (534-509 a.C.)

Realmente no tenemos constancia segura del momento en el que este monarca (hijo o nieto del anterior rey Tarquinio Prisco) accedió al trono tras asesinar a Servio Tulio, aunque la tradición lo sitúa en 534 a.C. La misma tradición señala como móvil del asesinato la venganza largamente planeada por Tarquinio por el hecho de no haber logrado suceder a su padre, lo que provocó su ira contra Servio Tulio, y eso a pesar de que le unía lazos con él, ya que estaba casado con una de sus hijas.

Su reinado coincide con la existencia de las tiranías en la zona oriental del Mediterráneo, siendo su gobierno contemporáneo de otras tiranías, como la de los Pisistrátidas en Atenas (este hecho es fundamental para comprender después parte de este mito), coincidiendo incluso en la caida del último de los tiranos atenienses, Hipias, derrocado por Clístenes.

La historiografía romana posterior nos da una versión altamente negativa del último de los monarcas romanos, quien inició su reinado con una dura y sangrienta represión contra todos aquellos que en el pasado habían apoyado a Servio Tulio (negándole incluso el entierro). Sigiendo la misma tradición, el reinado de Tarquinio se caracterizó por un abuso de poder personal, un claro interés por las obras públicas o una intensa política exterior.

A pesar de que han sido muchos los autores de los últimos tiempos, los cuales han visto en estas políticas las verdaderas razones de la caída de la monarquía, como pudo ser la tremenda explotación a la que tenía sometida a gran parte de la población (mayoritariamente a la clase trabajadora o pobre), hemos de contemplar lo que la tradición clásica nos ha mostrado como la verdadera causa, que no fue otra que la de una violación a la mujer de un primo de su propio hijo, llamada Lucrecia.

La violación de Lucrecia

Volvemos, nuevamente, a hacer incapie en que está violación es, a todas luces, parte de los mitos construidos posteriormente… Como lo es también el relato sobre la fundación de Roma del rapto de las sabinas. No obstante, si algo tienen en común ambos episodios es que es el ataque a las mujeres lo que marca de manera simbólica tanto el inicio como el final del período monárquico de la historia de Roma. Ahora bien, es muy difícil saber con exactitud dónde acaba la historia y dónde empieza la leyenda…

Sobre este hecho, el autor clásico Livio nos ofrece un relato altamente perturbador sobre la causa de la caída de la monarquía. Según Livio, el ejército de Tarquinio estaba asediando la cercana ciudad de Ardea. Una noche, Sexto Tarquinio, hijo del rey, tal vez debido al alcohol que corría por sus venas, empezó a discutir con su primo Colatino sobre cuál de los dos tenía la mujer más virtuosa, apostando ambos que la suya era la mejor. Para comprobarlo por sí mismos, decidieron montar a caballo y visitarlas en plena noche, sin avisar y de incógnito. Primero se dirigieron a Roma, a visitar a la mujer de Sexto Tarquinio, y cuál fue la sorpresa cuando la descubrieron de fiesta en un banquete. Acto seguido, ambos se dirigieron a la villa de Colacia, donde vieron a Lucrecia, la mujer de Colatino, haciendo lo que se supone que una buena esposa romana debía hacer, tejer junto a sus esclavas. Tras esto, Lucrecia, obedientemente, dio de cenar a ambos primos. Quedaba claro quien había ganado la apuesta, con la consiguiente aprobación de que saltaba a la vista que la más virtuosa era Lucrecia.

Por desgracia para la joven, Sexto Tarquinio se encaprichó de ella, ardiendo en deseos desde esa misma noche. Días después, el hijo del rey volvió a Colacia por la noche, aprovechando la ausencia de su primo Colatino, donde Lucrecia lo atendió como se esperaba de ella, cortésmente. Tras acogerlo como huésped, Sexto le confesó su gran pasión, y forzándola a entrar en la habitación, le exigió tener sexo con ella mientras la amenazaba con un cuchillo. Pero ni con esas consiguió que la esposa de su primo cediera, de modo que llevó la amenaza un paso más lejos. Si ella no accedía a acostarse con él, la mataría, pero también a uno de sus esclavos, a quien tumbaría desnudo junto a ella en la cama, y así poder alegar que los había matado al sorprenderlos en el más ignominioso acto de adulterio, tan grave para los romanos. Finalmente, Lucrecia accedió. No obstante, tan pronto Sexto Tarquinio hubo abandonado el lugar, Lucrecia hizo llamar a toda prisa a su marido y a su padre, quienes llegaron acompañados de un amigo llamado Lucio Junio Bruto. Ella les contó lo sucedido y añadió: «Solo mi cuerpo ha sido violado. Mi alma sigue pura, y mi muerte lo testificará». Tras pedirles que la vengaran, sacó un puñal que llevaba escondido y se mató.

Tras las pistas de la violación y su mensaje oculto

Esta historia trasmitida por Livio (recogida posteriormente por artistas como el pintor Tiziano o Botticelli , y que incluso sirvió como base para la obra tragica de Shakespeare La violación de Lucrecia), se convirtió desde entonces en una imagen de la enorme fuerza moral de la cultura romana. Lucrecia quiso pagar con su propia vida haber perdido algo tan importante para la cultura romana como era su pudicitia (fidelidad), en lo que se refiere a la relación entre marido y esposa.

No obstante, otros autores, como Marco Valerio Marcial, no son tan benévolos con esta moral, llegando incluso a bromear sobre su esposa, diciéndole que si ella quiere puede ser de día una Lucrecia, siempre que de noche sea toda una puta. En otra de sus ocurrencias, se llega a preguntar si las Lucrecias son de verdad lo que parecen, pues incluso la famosa Lucrecia, fantasea, disfrutaba con poemas picantes cuando su esposo no estaba mirando. Ahora bien, el tema por lo general era más serio que estás ocurrencias, sobre todo en lo que se refiere a la culpabilidad de la propia Lucrecia y los verdaderos motivos de su suicidio. Para muchos romanos, Lucrecia estaba más preocupada por su reputación que por su verdadera fidelidad…

Sea como fuere, aquel acto se consideró como algo fundamentalmente político, pues provocó la expulsión de Tarquinio, y por ende de la monarquía, dando comienzo a la República romana. Sigiendo a Livio, tan pronto como Lucrecia se quitó la vida con un cuchillo, el amigo de la familia, Lucio Junio Bruto, retiro el puñal del cuerpo de la difunta y, mientras esposo y padre se encontraban en estado de shock, juró liberar a Roma de los reyes para siempre —habrá comprobado el lector, cuánto se parece este final con el que sufrió Julio Cesar en el golpe de estado del año 44 a.C., a manos de otro “Bruto”, lo que evidentemente se trata de una de las tantas profecías retrospectivas que tanto abundan en los mitos y leyendas—. Bruto, tras asegurarse el apoyo del ejército y del pueblo, quienes estaban horrorizados por aquí acto de violación, y sin duda hartos de trabajar como esclavos y sin descanso para Tarquinio, obligó a este y a su hijo a exiliarse fuera de Roma. Pese a los intentos de Tarquinio de recuperar el poder, aliándose incluso con reyes de otras ciudades etruscas, como con el rey de Clusium, Porsena, todas las veces fue derrotado, siendo definitivamente eliminada la monarquía en Roma y dando paso a la República.

Influencias griegas

Ya he explicado varias veces que se trata de un relato mítico, aunque ya hemos visto que es sin duda un reflejo de la roma actual de los propios autores, que llevan a su pasado conductas morales de su tiempo. Es más, los propios autores romanos que más tarde contaron la historia, como el caso de Livio, estaban profundamente influenciados por las tradiciones griegas, que a menudo vinculaban el fin de las tiranías con delitos sexuales. Un claro ejemplo de ello lo vemos en la Atenas del siglo VI a.C., cuando se expuso como causa del derrocamiento de la tirania de la dinastia Pisistrátida, ciertas insinuaciones sexuales (un claro acoso sexual) del hermano menor del gobernante a la pareja de otro hombre. ¿Coincidencia? No lo creo.

Sea como fuere, la historia y la cultura griega están muy presentes en la construcción de la historia de Roma, empezando por la propia leyenda de su fundación, pues otras historias vinculaban la historia de Rómulo y Remo al troyano Eneas en su huida tras la guerra de Troya. Es más, los grandes pensadores romanos entre el II y I siglo a.C., trabajaron con ahínco para poder elaborar un cronología lo más precisa posible para adecuarla a los mitos de la fundación y posterior época monárquica. Por supuesto que, una de las grandes cuestiones era tratar de averiguar cuántos años tenía Roma, en base al supuesto momento de su fundación, y es ahí cuando estos pensadores o eruditos comenzaron a contar hacia atrás desde las fechas romanas que sí conocían hasta las más remotas que no conocían, tratando, de una manera bastante ingeniosa, de sincronizar los acontecimientos de Roma con la cronología de la historia de Grecia. Siendo más concreto, los romanos trataron de hacer coincidir su historia con los ciclos cuatrienales de los Juegos Olímpicos, ya que estos sí parecían ofrecer un marco cronológico real… Se supone que la fundación de roma que la tradición asignó fue en 753 a.C., lo que lo situaría en el tercer año del sexto ciclo de los Juegos Olímpicos… En definitiva, no es casual que la historia de Grecia y la de Roma se sitúen ambas en torno al siglo VIII a.C., como no fue casual que las tiranías de ambos acabasen prácticamente al mismo tiempo, es decir, a finales del siglo VI a.C.

Comentarios del pasado de rabiosa actualidad

Sobre el mito de la violación sobre Lucrecia, disponemos de un comentario no muy afortunado podríamos decir, aunque, claro está, desde nuestra óptica cultural… Aunque tal vez, la sorpresa venga más por parte de quien lo expuso… O tal vez no.

A comienzos del siglo V d.C, San Agustín de Hipona, santo, padre y doctor de la iglesia católica, y sin duda uno de los mayores pensadores de la cristiandad del primer milenio, era también alguien muy versado en los clásicos paganos. Pues bien, sobre este terrible suceso, San Agustín se preguntó si Lucrecia había sido en realidad violada, en base a que, al final, ella lo había consentido. Parece que San Agustín obvió que Sexto la había amenazado, a ella y a uno de sus esclavos… ¿Error intencionado? Lo que está claro es que es muy difícil no detectar, tanto en este caso como en tantos otros, algunos de nuestros propios argumentos machistas sobre la violación y las cuestiones de responsabilidad que parecen suscitar.

Bibliografía:

BEARD, Mary. SP.Q.R. UNA HISTORIA DE LA ANTIGUA ROMA. Crítica. Barcelona, 2016.

NEGRETE, Javier. ROMA VICTORIOSA. La Esfera de los libros. Madrid, 2011.

BRAVO, Gonzalo. HISTORIA DEL MUNDO ANTIGUO. Una introducción crítica. Alianza Editorial. Madrid, 2008.

ALFÖLDY, Géza. NUEVA HISTORIA SOCIAL DE ROMA. Secretariado de publicaciones Universidad de Sevilla. Sevilla, 2012.

FERNÁNDEZ URIEL, Pilar y MAÑAS ROMERO, Irene. LA CIVILIZACIÓN ROMANA. UNED. Madrid, 2013.

CABRERO PIQUERO, Javier y FERNÁNDEZ URIEL, Pilar. HISTORIA ANTIGUA II. EL MUNDO CLÁSICO. HISTORIA DE ROMA. UNED. Madrid, 2014.